Un nuevo renglón escrito en nuestra historia

Para una de las crónicas más especiales, decidimos titular con una de las frases de nuestro entrenador en el post de la final del domingo. El Leyma Coruña cayó con todos los honores en casa de un Movistar Estudiantes que consiguió llevarse el gato al agua en los últimos minutos de encuentro. Pero el ganar o perder fue mucho más allá de eso. 

Desde la llegada del autobús del equipo al pabellón local, medio millar de naranjas auparon al cuadro herculino en la primera final nacional de su historia. Tanto en el calentamiento como durante los cuarenta minutos de partido, no se dejó de escuchar a una marea naranja que hizo todavía más especial la cita. Sobre el parqué, el Leyma Coruña no dio fe de su inexperiencia en finales, y desde el salto inicial estuvo a la altura competitiva que la cita le exigía. 

El electrónico reflejaba un igualado 21-21 a la conclusión de los primeros diez minutos, y tan sólo algunos pequeños detalles consiguieron decantarlo un poco antes del intermedio (42-38). Con el regreso a pista, se vio la mejor versión coruñesa, con un equipo dinámico y entregado que abrió una brecha de 4 puntos justo antes del comienzo del último parcial. 

Fue entonces cuando la balanza cayó del lado madrileño en un periodo de mucho acierto exterior -en claro contraste con la falta de puntería coruñesa- que no embarra el buen hacer de los pupilos de Diego Epifanio. El Leyma Básquet Coruña cayó (80-72) en su primera final de Copa Princesa, pero dejó para la posteridad una jornada que con el paso del tiempo seguirá ganando el inmenso valor que ya tiene.